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Las naves de San Jerónimo. Unos gigantes con los pies de barro

2 comentarios

Cuando nos desplazamos de un barrio a otro dentro de la ciudad, siempre encontramos calles, avenidas o espacios que ejercen de frontera o tránsito entre una zona y otra. A veces, la caprichosa evolución histórica de un lugar, no siempre pendiente de lo mejor para los habitantes de la zona, parece haber querido remarcar los límites de una zona, por si quedase alguna duda. Esto es lo que parece haber pasado cuando seguimos el antiguo trazado ferroviario paralelo a la calle Torneo hacia San Jerónimo. La primera frontera que encontramos es la SE-30 que separa al barrio de la ciudad bajo el nombre de avenida Juventudes Musicales. Antes de llegar a nuestro destino divisamos el gran espacio ocupado por lo que queda del conjunto-depósito ferroviario de San Jerónimo que fue edificado por la compañía MZA (Madrid-Zaragoza-Alicante) entre los años 1915 y 1925, significando una modernización del primitivo conjunto, fechable hacia finales de la década de los años 50 del siglo XIX que estaba situado en la actual zona de la Barqueta.

No se puede evitar sentir desazón al contemplar el estado actual  del lugar. Las naves adosadas se levantan en una especie de paisaje desértico cubierto de basura y escombros. A día de hoy, resulta muy difícil imaginar el lugar en funcionamiento  debido a su degradación y a la demolición de casi la totalidad de los elementos en los años bisagra entre la década de los 80 y los 90 del siglo XX.   

Aspecto que tenía el conjunto en pleno funcionamiento – Imagen cortesía de Juan Carlos Trujillo

Hasta hace poco tiempo podríamos haber hablado de un deterioro estructural, pero durante los últimos cuatro años la zona ha sufrido un considerable deterioro social, hasta el punto de haberse convertido en una improvisada vivienda para personas sin hogar.

Los restos observables a día de hoy son un buen ejemplo de la arquitectura industrial de principios del siglo pasado. A raíz de la instalación del complejo ferroviario, surgieron durante el primer tercio del s. XX  otros centros de actividad industrial en las inmediaciones, originando un flujo de trabajadores tanto locales como procedentes de otros lugares, que empezarían a trasladar sus residencias por la zona y a reivindicar una vivienda a precios asequibles, hecho que desembocaría en la creación del germen de lo que hoy conocemos como el barrio de San Jerónimo en torno a los años 20 de la anterior centuria.

Las naves se encuentran protegidas por el PGOU  aunque su estado parezca decir lo contrario. El problema es que tras más de veinte años en desuso, el coste que puede suponer su consolidación y rehabilitación puede ser elevado, excusa habitual para no acometer las obras por parte de los diferentes equipos de gobierno municipales.

A cambio de ese hipotético gasto, el conjunto ofrece dos grandes espacios diáfanos que bien podrían ser un gran centro sociocultural que revitalice el barrio y vertebre la zona norte de Sevilla, con poca infraestructura en este aspecto. La rehabilitación de espacios industriales como equipamientos socioculturales no es una novedad, podemos poner como ejemplos el Matadero de Madrid, Hangar en Barcelona  o la Tate Modern londinense . En esta dirección ya se propuso el proyecto La Factoría,  ideado por Santiago Cirugeda y Jesús Quintero, obra que finalmente no se llevó a cabo.

Los distintos consistorios de la ciudad han ido anunciando durante años un variopinto conglomerado de usos que no han pasado del papel como: pistas deportivasla ciudad del empleo  o un centro para el barrio, vivero de empresas y espacios comunes para los vecinos. Promesa que tras las elecciones de mayo de 2011 volvió a cambiar, sacando de la nueva ecuación el centro vecinal prometido.

¿Existe algún tipo de voluntad política por actuar en este espacio? Tras más de veinte años, las naves contemplan solas su declive en un entorno que sigue ejerciendo de frontera entre Sevilla y San Jerónimo.

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Autor: mektres

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2 pensamientos en “Las naves de San Jerónimo. Unos gigantes con los pies de barro

  1. Estos edificios no deben ser vulnerables a las creencias de los políticos que se van alternando en los consistorios, por lo que creo que es una labor ciudadana, crear opinión y rescatar estos edificios para su reutilización en beneficio de la ciudad.

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