Mektres

¿Y si fueran reales?

4 comentarios

Jorge Luis Borges decía: “Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”.

Al leer esta frase mi mente vuela años atrás, cuando estaba en el colegio y recibía aquellas invitaciones a la lectura de mis padres o aquel sufrido profesor de literatura que se esforzaba por recomendarnos lecturas asequibles para nuestra edad, intentando no caer en el error de introducir los clásicos por vía intravenosa, hecho que suele traer aparejado el uso de libros como pisapapeles o armas arrojadizas. Quienes hemos crecido saboreando el olor y el tacto de las páginas de un libro, a pesar de la seducción de distintos aparatos electrónicos,podemos llegar a imaginarnos por un instante cómo sería la vida de esos personajes si vivieran en nuestra ciudad.

MEKTRES - libro

No sería extraño bajar a la Alameda de Hércules y ver a Mafalda vestida de verde al frente de una manifestación, sosteniendo un cartel que verse: Educación pública de tod@s para tod@s. Esa misma tarde, la señora Clarissa Dalloway y Anna Karénina habrían quedado, como cada jueves, en la calle Regina para tomar un té (o mejor unas caipiriñas) y así mantener una de esas conversaciones trascendentales que tanto adoran, sobre el amor y el miedo. Mientras, Ayla y Jondalar pasean a Lobo de camino a la semillería de la misma calle.

Hemos querido ver a Henry “Hank” Chinaski solo, rebañando unos chicharrones en el mercado de la calle Feria, quejándose en voz alta de un mal mes o un mal año. No muy lejos de allí, Gregorio Samsa busca, sin éxito, hacerse con una de las alitas de pollo en la puerta del Apuntalao, cerca del Pumarejo.

El río nos deja la imagen de unas tortugas casiopeas tomando el sol. Comparten lugar con estudiantes de Erasmus enrojecidas que, a su vez, miran a Santiago sosteniendo pacientemente su anzuelo a la espera de movimiento en ese estanque verdoso mientras recita para sí las hazañas de los héroes deportivos de su niñez.

En otro punto de la ciudad, tres niños corretean por el parque Miraflores con zapatillas gastadas de tanto uso; el Mochuelo, el Moñigo y el Tiñoso juegan con naranjas y palos que han encontrado, sin caer en la cuenta de que son observados por un anciano apoyado en su bastón de punta de goma. José Arcadio Buendía contempla la escena con ojos vidriosos. La ciudad en la que vive se ha transformado en un sinfín de barrios clónicos, sin identidad, es únicamente deteniendo su mirada ante esas instantáneas como consigue transportarse a otro tiempo.

El cielo se tiñe de naranja y Naoko sale de las Urgencias del Hospital Macarena acompañada de su mp3 y tarareando Norwegian Wood de los Beatles. Un residente del hospital le abre la puerta, es Rob J. Cole, agotado tras una larga noche de guardia y su propia situación personal, da varias caladas a un cigarro con los ojos llenos de vida.

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Ya a altas horas de la noche, cuando no queda nadie en la calle, resiste un pub cerca del centro. Un pequeño grupo, entre quienes destaca la Maga, habla de patafísica hasta cansarse.

Es la hora de dormir. Apuro el último capítulo, miro de refilón el siguiente y dejo el libro en la mesita de noche. Apago la luz del flexo y hasta mañana. Buenas noches.

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Autor: mektres

http://mektres.org/nosotros/

4 pensamientos en “¿Y si fueran reales?

  1. Bonito, leve y sutil… Me ha gustado

  2. Qué hermosa entrada. Reconcilia con el mundo a base de ese otro mundo, el que leemos. Gracias!

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